Bienvenidos

Damos la bienvenida a quienes nos visitan. Nuestro propósito es ejercer la defensa y difusión de la tradición católica desde la feligresía de su principal baluarte: la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Especialmente cuando, una vez abiertos ciertos espacios de recuperación frente a la acción devastadora que siguió al Concilio Vaticano II, se ve hoy atacada por muchos falsos tradicionalistas (cismáticos, sedevacantistas, rebeldes sin causa) que pretenden disfrazar de celo apostólico lo que es verdadera deserción.


"La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los apóstoles, y la transmite íntegra a los sucesores; para que ellos, iluminados por el Espíritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación".

(Catecismo de la Iglesia Católica, 81)


"Nuestra identidad es el único medio eficaz para ayudar a la Iglesia a restaurar la Cristiandad"

(Mons. Bernard Fellay, 16 de Julio de 2012)

DÓMINO SERVIÉNTES, SPE GAUDÉNTES

EN RECUADRO

QUE NO NOS ESCANDALICE LA PASIÓN DE LA IGLESIA


La vemos desfigurada, cargando la cruz y coronada de espinas.

Escarnecida por el mundo y traicionada por muchos que visten de blanco, de escarlata, de negro, de jean.

Pero es la Iglesia, y por eso debemos ver en ella a Nuestro Señor Jesucristo que revive la Pasión en su Cuerpo Místico.

Más que nunca permanezcamos fieles, sosteniendo la Tradición católica cuando tantos huyen pretextando: “No, no es la verdadera Iglesia”, o “La Iglesia ha quedado sin Cabeza Visible”.

Es el testamento que ha dejado nuestro venerado Monseñor Marcel Lefebvre a sus verdaderos herederos.


Ver nuestra entrada: LA PASIÓN DE LA IGLESIA

"Yo estaré en agonía, por causa de las almas más beneficiadas, hasta el fin del mundo. Durante este tiempo de agonía –hijo mío- nadie debe dormir”
(
Ntro. Sr. Jesucristo, en: “Una visión profética del Padre Pío”)

18/4/18

EL APOSTOLADO PARA LA IGLESIA QUE SANGRA


Es la única Iglesia. No hay una conciliar y otra preconciliar, o una oficial y otra tradicional.

Hay una única Iglesia, malherida, con el rostro desfigurado, con caídas, pero de pie y en marcha.

Maherida, maltrecha, porque hay una conspiración en su contra que alienta el Infierno, que congrega a múltiples fuerzas desde fuera, y -lo más doloroso- en la que coadyuvan los modernistas y su militancia herética desde dentro.

Es esa quinta columna, que encabezan miembros prominentes del clero desde la primera hora, la que ha sembrado fuerte confusión. Un puñado de católicos, en distintos lugares del mundo, ha conseguido rehacerse y permanecer de pie en defensa de lo católico tradicional. Es la resistencia que inició Monseñor Marcel Lefebvre dentro de la Iglesia contando con adhesiones que fueron creciendo y que hoy constituyen una presencia que incomoda en su seno.

¿Y porqué incomoda? Porque si algo ha introducido la conspiración para adormecer conciencias o para doblegarlas ha sido la comodidad como regla. Cierto es que su trasfondo es más denso, más complejo, más perverso, pero a simple vista y para el católico medio -mediocre desde luego- lo dominante es la comodidad de la lengua vernácula, del empobrecimiento de la liturgia, de la debilidad de la Fe, de la moral de situación que entenebrece las costumbres, de la vulgaridad, la grosería y la chabacanería que llegaron de Buenos Aires a Roma y aplauden babosos y genuflexos de escarlata, de negro, de jean.

La Iglesia sigue siendo una aunque reine la confusión, aunque predominen los cómodos, aunque las iglesias no conozcan ya otra liturgia que la devaluada que nos ha dejado este medio siglo transcurrido desde el gran acontecimiento que quiso empujarnos a la ruina: el Concilio Vaticano II, con el que la conspiración creía dar su golpe de gracia.

Pero las puertas del Infierno no prevalecerán, y la Iglesia sobre la Tierra sigue adelante. Claro, no todos lo han comprendido, y con sus reacciones han generado mayor confusión.

Están los que se marcharon porque les dolía ver a la Iglesia sangrante, y prefirieron esconderse en su "sedevacantismo" insensato. En el fondo piensan que el Señor nos ha abandonado; han perdido la confianza en la Divina Providencia.

Están los que siguen en la Iglesia pero desconfiando de todo y de todos, como si la conspiración ya hubiera vencido y tuviera pleno dominio. Son los que ostentan una "resistencia" que nada resiste; están solos, dispersos, al modo de francotiradores y, lo que es peor, obstaculizando y saboteando los esfuerzos que otros, verdaderos militantes de lo católico tradicional, realizan para recuperar el terreno perdido.

Están los del montón, unos cómodos como conservadores, y otros cómodos como progresistas. Su religión es la que la Iglesia ha propuesto desde el Vaticano II. En ese montón se cuentan muchos de nuestros familiares, amigos o colegas.

Por fin, están los católicos tradicionalistas. Los hay fieles más allá de su pertenencia a tal o cual feligresía, y están también los que piensan que fuera de sus filas no hay Iglesia. Siempre propensos a hablar de dos iglesias, dejan fuera de la verdadera a todos los que no pertenecen al tradicionalismo. Dicen que pertenecen a una iglesia "protestantizada" y los execran sin más. Nada hay que valga fuera de su círculo "tradi", fuera de su alcance visual.

Aun reconociendo la conspiración, la quinta columna modernista y el Concilio Vaticano II como su Caballo de Troya, fuera de las filas estrictamente tradicionalistas hay muchos trazos de catolicidad. ¿Puede llamarse, sin más, "protestantes" a quienes rezan nuestro mismo Credo, confiesan la Presencia Real del Señor en la Eucaristía, adoran esa Presencia Real en múltiples iglesias y capillas, celebran las Festividades de la Santísima Virgen, rezan el Santo Rosario, y mantienen sus imágenes por doquier? ¿Puede llamarse, sin más, "protestantes" a muchísimos curas que fueron ordenados durante los últimos cincuenta años porque celebran misa según el nuevo rito cuando tienen voluntad de hacer lo que la Iglesia siempre hizo? Y podríamos seguir preguntando.

Sí, es cierto: ha habido muchas claudicaciones. Han sido cincuenta años terribles, pero no cabe a todos la misma responsabilidad. Entonces ... entonces ajustemos la mira. En vez de considerarnos nosotros, los tradicionalistas, los elegidos como un "numerus clausus", abrámonos a los demás. No descalificando ni lanzando anatemas, sino mostrándoles que pertenecemos a lo más genuino de la Iglesia, que la Tradición está a su alcance, que hay Misas seguras y otras que no, que hay Sacramentos seguros y otros que no, que es nuestro deber dar culto digno a Dios; esto, sin pronunciar sentencias inapelables, que están reservadas a Dios.

Hace falta apostolado ad intra. Muchas veces oímos a sacerdotes y fieles tradicionalistas hablar con la certeza que sólo Dios Nuestro Señor tiene sobre las intenciones de los demás, sobre la validez de sus celebraciones,  y eso nos estremece. Sin embargo, esos millares de católicos del montón, de religión cómoda, en gran mayoría no han conocido la Tradición católica, y viven de buena fe lo que mal entienden como catolicidad. Y hasta hay quienes la conocieron, pero huyeron espantados por nuestras rigideces rayanas en las de los viejos fariseos.

Nuestro apostolado debe ir en esa dirección: hacerles ver con suavidad y firmeza lo que hoy no ven.

Hay curas y laicos que pertenecen a la conspiración, pero -como resulta de lo que hablamos-  hay quienes han sido o siguen siendo víctimas de la conspiración. Y para bien de estos sigue siendo necesario que la Fraternidad San Pío X alcance ese reconocimiento que Roma le sigue negando. Ese reconocimiento que los modernistas no se atreven a dar porque atenta contra sus planes, y que los "resistentes" denuncian como dañoso para la conversión de las almas. Apenas una ligera contradicción fruto de la estulticia.

Esperamos que estas líneas sean útiles para bien de la Iglesia. Hemos considerado un deber presentarlas aquí, haciéndonos cargo de las consecuencias que pudieren acarrear.


21 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermindo, yo te entiendo, pero los tradis te van a hacer pururú. Juancho

Anónimo dijo...

Che,no están desvariando? Se van a enojar los curas de la Frate, ja ja ja.
Alonso.

Ermindo Pericón Argentino dijo...

Ciriaco: ¿qué es lo que ud. esperaba?

Anónimo dijo...

En concreto, la posición de este blog es la de siempre, pero crítica hacia los que hablan como sedevacantistas o como sediciosos (Williamson & Company) sin serlo, o sin reconocer serlo. Pienso en curitas y feligreses de la FSSPX que todavía hablan alguno de esos idiomas de secesión, de las "dos iglesias".
En cuanto a lo de Ciriaco, no es nuevo. Nos damos cuenta por dónde navega. Su rumbo no es el nuestro, y él lo sabe. Es falso que esperara "mucho más", y también él lo sabe.

Chanta Porteño

Anónimo dijo...

Es evidente que este artículo está escrito para los ciriacos. No sé de qué se asombra el bicho ese.

Erasmo

Anónimo dijo...

¿Y esto es todo? Parece chiste. Una perdiz vuela mas alto.No van mas lejos que un"reconocimiento". ¡Y de quienes!
Si San Atanasio Doctor de la Santa Madre Iglesia viviera...O San Pio V...O San Pio X...
Don Ermindo; esperaba mucho mas de Uds.
Ciriaco

Anónimo dijo...

Los comentarios se desordenaron. Seguramente alguna jugarreta del ordenador. Pero igual vale decir que me ha gustado la nota. Lo veo como un llamado de atención ante lo que nos toca vivir.

Antonia

Anónimo dijo...

Muy justo lo que se dice. Se enojarán los incoherentes y nada más.

José

Anónimo dijo...

Solo union en la Fe y la Tradicion. Solo eso sin estulticias ni contradicciones ni bajezas ni reconocimientos espurios.¿Es mucho pedir?

Anónimo dijo...

Disculpe. Se me olvido firmar
Ciriaco

Ermindo Pericón Argentino dijo...

Ciriaco: la unión en la Fe y la Tradición no exime del apostolado ad intra sino que obliga. Que un reconocimiento sin concesiones lo facilita, pero es lo que la logia conciliar no está dispuesta a dar, al menos hasta aquí. Seguir bregando por ello es de cristianos, y ninguna bajeza implica. "Resistirlo" porque sí, porque no me agrada el papa, porque roza mi buen nombre y honor, porque se me reirán los "resistentes" de Williamson o los puros de "Radio Cristiandad" o de "Foro Católico" sería, en cambio, incoherencia propia de estultos.
Saludo

Anónimo dijo...

Bien dicho, señores. He conocido a muchos de eso que llamáis resistentes y ¡Vamos! nadie vale sino ellos. Creedme que no he hallado un pasaje del Nuevo Testamento que me lleve a darles la razón. Se tendrán por sabios, por prudentes, por no sé qué más, pero no se parecen al Redentor, en nada me lo recuerdan estos chavales. Así que, vamos p'adelante, cara al sol. ¡Viva Cristo, nuestro Rey!

Manolo A.

Ermindo Pericón Argentino dijo...

Ciriaco nos envía un mail diciendo que no le importan mis porqués, y que nada puede esperar de nuestro blog. Suponemos que se equivocó al venir al nuestro, y que probablemente buscaba palabras consoladoras para perseverar en la falsa resistencia. Porque si vino para argüirnos de error, ha perdido su tiempo. Somos de los que respetamos la verdad, pero asimismo la autoridad. Hace cuarenta años que permanecemos firmes en la feligresía de la FSSPX porque confiamos en el legado de Monseñor Lefebvre al servicio de la única Iglesia. Los que piensan que hay dos, están viendo doble. Ellos deberán indagar el porqué.

Anónimo dijo...

¿Viendo doble? Si, un Papa y un Prelado.Doble o nada.

Anónimo dijo...

Me cansa este idiota,paren con él. Es de los resistentes, carnívoros pero herbívoros, heteros pero homos, y así. Todo doble el guaso. Si quiete seguirla, que lo haga por privada pero no aquí. La verdad es que somos muchos los que no tenemos ningún interés en este Siriaco sino en la Iglesia Una y Santa de la que reniegan estos iluminados.

P. F.

Ermindo Pericón Argentino dijo...

Sé que esa veleidad que caracteriza a los que dicen amistad con la FSSPX pero prestan constantemente oídos a sus detractores puede irritar a más de uno aquí. Sin embargo, debemos vivir la caridad fraterna y responder sin intemperancia. Con firmeza pero con suavidad - suaviter et fortiter- teniendo en cuenta que hay muchos errantes, y que quizás les estamos ofreciendo aquí algún reparo, un poco de sombra para descargar el fastidio que les deja un andar de aquí para allá sin encontrar lo que los colme.

Anónimo dijo...

Siempre, ante una nota crítica, hay que preguntarse por quién doblan las campanas. Yp veo que el autor de ésta ha querido dirigir un palo a los tradicionalistas presuntuosos, sobre todo dentro de los que congrega la Fraternidad lefebvriana. Razón no le falta, pero ha terminado saltando un sapo de otro pozo, probablemente cerianesco (Ciriaco se le acerca), que se ha sentido tocado. Me causa gracia la situación, pero no me extraña. Hay viejos y jóvenes, curas o no, que le siguen dando cuerda a lo de las dos iglesias pero muchas veces se olvidan cuando les cae mejor hablar de una sola. Ha pasado, y pasó en los últimos días con lo del aborto. Cuando conviene, pedimos a "la Iglesia" que se pronuncie por esto o aquello.

Isidoro de Hebilla

Anónimo dijo...

Estoy leyendo las bellas páginas del R.P. Alfredo Sáenz en su libro "Madre de Misericordia". Y durante mi lectura aparecen las preguntas ¿Cómo compatibiliza el autor sus palabras con esas tan ligeritas que vienen del papado, en que todo es igual, todo vale, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor (de esto se quejaba nuestro inolvidable Discepolín)? Pero también ¿Pueden decir los que hablan de las dos iglesias que este sacerdote no está en la Iglesia Católica?

Pienso que esto de las dos iglesias es cismático, y que los que pretenden ser de la Católica excluyendo a otros, en verdad se están excluyendo a sí mismos.

En la Argentina solía decirse que el nacionalismo católico no prosperaba porque sobraban los caciques y faltaba la tropa. El tradicionalismo católico se le parece, porque sobran los que pontifican y tiran sus anatemas para un lado y para el otro, pero los bautizados en Cristo no los entienden, no los siguen.

Con un poquito de humildad podría ser la cosa distinta. ¿No les parece? Saludos.

Chacho, La Rioja

Ermindo Pericón Argentino dijo...

Gracias, amigo riojano. Queda planteada la cuestión.

Anónimo dijo...

Y Chacho tiene razón. Recuerdo a un personaje cómico, Minguito Tinguitela, que decía: "todo se'igual", lo contrario a lo que nos decía Discépolo. Los dos peronistas, pero Minguito estaba en el barro y Discepolín ya volaba, miraba desde arriba. Podemos estar en el mismo barco sin confundirnos. El Capitán es Nuestro Señor y conoce a todos los que se han embarcado por el bautismo y quieren permanecer. Bien sabe que hay quienes quieren permanecer de una manera fácil, cómoda, y no les importa mucho el barco; a algunos ya ni les importa el destino, pero están. Igualmente sabe que el timonel, su Vicario, toma todo a la bartola porque quiere que todos estén bien. Finalmente hay quienes quieren seguir al Capitán con rumbo seguro y destino cierto, pero nada van a ganar produciendo una revuelta en el barco, o intentando echar a los cómodos, sino convenciéndolos de lo mejor con la palabra y el ejemplo. Tiene sentido hablar de dos barcos, de dos iglesias?

Zuncho

venerable dijo...

Pienso muy similar a usted, pero fue el Cardenal Benelli el que le dijo a Monseñor que tenia que someterse a la Iglesia Conciliar, y Monseñor fue claro, cuando declaro que Roma (no la iglesia) habia cometido adulterio y de ese adulterio solamente podrían salir sacramentos y ritos bastardos.